La historia de la Independencia contada para niños y niñas

Hace muchísimos años, allá por 1816, en la provincia más pequeña de Argentina, Tucumán, ocurrió algo muy importante: los representantes de cada provincia se reunieron allí para firmar un Acta donde declaraban la Independencia. Claro, ellos querían ser libres del rey de España.

Los representantes de cada provincia tuvieron que viajar mucho para llegar a Tucumán, en esa época no había aviones ni autos veloces como los que hay ahora. Ellos viajaban en diligencias, carretas y a caballo. El viaje era muy cansador, pasaban frío y debían comer a la orilla del camino o llegar hasta unas posadas a descansar un rato. Era un enorme sacrificio para ellos, pero estaban felices de poder hacer algo tan importante por su Patria y por el pueblo argentino que ya no quería depender de un rey de otro país.

En Tucumán todo el pueblo los estaba esperando: para recibir el Congreso, prepararon la casa más grande de la ciudad que pertenecía a la señora Francisca Bazán de Laguna.

Los representantes que habían llegado a Tucumán estaban dispuestos a trabajar mucho por la Patria; las reuniones comenzaban muy temprano y finalizaban hasta que se escondía el sol. Así, trabajaron durante varios meses.

El presidente del Congreso, Francisco Narciso Laprida, les preguntó a los congresales si querían ser libres e independientes de los reyes de España y todos contestaron: ¡Si, queremos!. Después de tanto discutir y proponer ideas, lograron ponerse de acuerdo y redactaron las nuevas propuestas en el Acta de la Independencia. Todos estaban felices: la gente del pueblo también festejaba en las calles.

Luego de que todos los congresales firmaran el Acta, se la enviaron al Rey de España para que se entere lo que estaba ocurriendo.

Grandes y chicos festejaron comiendo empanadas calientes y organizando bailes en las calles principales. Muy contentos decían todos juntos: ¡Viva la Patria! ¡Viva la Independencia! ¡Viva la Libertad!

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micorazondetiza