Cuento: Julián y su árbol de manzanas


Era un día soleado cuando Julián se despertó a las 7 de la mañana, como todos los días, para ir a la escuela. Se levantó de la cama, se puso sus pantuflas de osito y fue a desayunar con su familia, como todos los días.

Como todos los días, terminó su tazón de chocolatada y dos tostadas con manteca y se lavó los dientes; se vistió, cargó su mochila y se fue caminando a la escuela por las mismas calles de siempre, saltando las mismas baldosas flojas de todos los días.
Despidió a su mamá y entró a la escuela, la misma escuela a la que va desde primer grado. Se sentó en su mismo banco de todos los días y comenzó la clase.

“Otra vez cuentas, fracciones, lecturas aburridas, inglés, lo mismo de siempre” – pensó Julián. Lo que no se imaginaba era que ese día tenía algo especial.
La maestra había preparado una clase sorpresa en la que invitaba a los niños a compartir experiencias con el resto de la clase.

Julián abrió bien grande los ojos y empezó a temblar (lo que les conté es que es muy tímido y no le gusta para nada hablar en público, y menos si hay mucha gente).

Mientras iban pasando sus compañeros contando historias fabulosas que habían vivido, a Julián no se le ocurría nada para decir, los nervios le había borrado la memoria.

Pero, para sorpresa nuevamente de Julián, en el momento de pasar al frente se acordó de su actividad preferida y se olvidó de la vergüenza y la timidez. Lo que más disfrutaba Julián era de su árbol de manzanas y, como por arte de magia, comenzaron a salir miles de palabras de su boca.

Entusiasmado relató cómo lo cuidaba y lo veía crecer y cambiar durante todo el año, claro, él lo había plantado cuando era apenas una ramita pequeña y débil.

En primavera, cuando el sol comenzaba a calentar se llenaba de flores, hojas verdes y pajaritos que se mimaban, también en esta estación Julián se dedicaba a plantar semillitas en su jardín. En verano, cada florcita se convertía en una roja y deliciosa manzana. El arbolito se llenaba de hojas muy verdes y Julián disfrutaba de bellas lecturas acostado bajo su sombra. En otoño, las hojitas del árbol se pintaban de amarillo, naranja y marrón. Cuando soplaba el viento las hojitas se caían y volaban por toda la vereda. En invierno, debido al frío, el manzanito ya no tenía hojitas y sus ramas se llenaban de nieve.

Y así, Julián contaba cuán feliz lo hacía ver como crecía y cambiaba su manzanito en cada estación del año.

Cuando terminó su relato recibió un gran aplauso de sus compañeros y un reconocimiento por parte de su maestra por aquella experiencia tan enriquecedora.
Ese día que empezó como cualquier otro, fue inolvidable para Julián.

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Poesía: Sombrero volador


El viento del otoño
muy fuerte ayer sopló
y a mi sombrero de paja
volando se lo llevó.

¿Dónde lo habrá dejado?
¿En qué lugar lo ha escondido?
¿Quién lo tiene? ¿Quién lo usa?
¡Qué viento tan atrevido!

Buscando, miré hacia arriba
y la emoción me invadió,
descubrí que mi sombrero
en un nido se convirtió.

Nilda Zamataro

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Poesía: Bienvenido otoño


Salgo de casa y en la vereda
las hojas crujen bajo mis pies,
el sol se esconde más tempranito,
voy abrigado, hace frío otra vez.

¡Es el otoño!, me dice el viento
mientras levanta las hojas del suelo
y lleva en alto mi barrilete
hasta que se hace un puntito en el cielo.

Los arbolitos se desvistieron,
gorro y bufanda para el jardín,
los pajaritos se fueron lejos,
es que el verano llegó a su fin.

Leonardo Antivero

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Poesía: Otoño llegó


Ya se van los días
de jugar con agua,
de andar en remera,
de sentir calor.

Desde ahora las noches
van a ser más largas.
Se acabó el verano,
otoño ya llegó.

Pinta de naranja,
rojo y amarillo
todas las hojitas
de los arbolitos.

Sopla que te sopla
hace remolinos,
me alborota el pelo
cuando me despido.

Trae en su mochila
una cacerola
llena de fideos
para hacer la sopa.

Mi abuela rezonga
¡cuántas hojas secas!
cuando a la mañana
barre la vereda.

Mónica Tirabasso

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