Día Mundial del Agua – 22 de Marzo


El 22 de marzo celebramos el Día Mundial del Agua, por iniciativa de las Naciones Unidas, dándole reconocimiento a la importancia del agua dulce y la defensa de los recursos de la misma.

El agua ocupa la mayor parte del planeta Tierra (mares, ríos, lagos) pero sólo una pequeña parte de toda esa agua es dulce, es decir, apta para los seres vivos; por eso es de vital importancia concientizar a grandes y chicos sobre no derrochar agua y evitar tirar basura que pueda contaminarla.

Existen consejos básicos que deberíamos enseñar a nuestros niños para ahorrar agua en casa y, de esta manera, ayudar a mejorar el futuro de nuestro planeta:
•    Instalar productos ahorradores de agua en tu hogar.
•    Tomar baños cortos.
•    Cerrar la llave de la canilla mientras te enjabonas.
•    Utilizar el agua estrictamente necesaria.
•    Cerrar las llaves de la canilla mientras te lavas los dientes o te afeitas o utilizar un vaso con agua.
•    Instalar regadera de mano, ya que se ahorra de 10 a 19 litros por baño.
•    No usar el sanitario como basurero.
•    Ajustar el nivel de agua en la lavadora.
•    Lavar el auto utilizando una cubeta, no con la manguera.
•    Lavar los platos al terminar de comer para que no se les pegue la comida, y cerrar la llave mientras los enjabonas.
•    Regar el jardín de 7 de la noche a 7 de la mañana cuando el sol está oculto, para evitar evaporaciones, así las plantas aprovecharán más la humedad.
•    Reparar cualquier fuga o filtración que tengas en llaves y tuberías.

¡CUIDAR EL AGUA ES RESPONSABILIDAD DE TODOS!

Actividades y recursos para trabajar en el jardín:

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Cuento: Púas, el erizo


Púas era un erizo pequeñito de color marrón, tenía un hocico negro y unas patitas gordas. Siempre se metía en líos por culpa de sus púas pinchosas.
Cierto día, se encontraba, Doña Gata, tejiendo una manta para su bebé gatito y Púas se acercó a curiosear.
La gata había comprado, en la tienda, una gran canasta de madejas de colores y quería terminar esa manta antes de que pase el invierno.
Doña gata le decía a su gatito:

  • ¡Qué lindo vas a estar! ¡Eres el gatito más lindo de toda la vecindad!

Púas se había escondido detrás del sillón, y los colores de las madejas llamaron su atención. Al inclinar la cabeza para verlas mejor, cayó dentro de ellas. ¡Qué desastre! Púas se había enganchado entre los hilos y había enredado todo con sus púas.

  • ¡Mirá lo que has hecho! ¡Ahora qué voy a hacer! –dijo Doña Gata, preocupada.

Púas se sintió muy avergonzado y pidió disculpas a Doña Gata, pero el hilo estaba destrozado y ya no servía para hacer la manta.
Al llegar a su casa, Púas le contó a su mamá lo que había ocurrido en casa de Doña Gata. Estaba tan apenado que le pidió ayuda a su mamá para que le enseñe a hacer una manta.
Su madre, sorprendida por el gesto noble de su hijo, le respondió:

  • No te preocupes Púas, todo tiene solución, yo voy a ayudarte. Pero recuerda: no debes ser tan travieso, debes tener más cuidado.

Luego de terminar la manta para Doña Gata, Púas salió a jugar al bosque. De repente vio la madriguera de un conejo y quiso entrar en ella para curiosear. La Doña Coneja acababa de tener crías, estaban todas allí dentro, muy juntitas, todavía eran demasiado pequeñas para salir.
Púas consiguió meterse en la madriguera, pero no podía ver nada. ¡Estaba todo muy oscuro! El erizo iba de un lado para otro, sin darse cuenta que según se movía, iba pinchando a las crías.

  • ¡Fuera de aquí! –le dijo Doña Coneja, muy enojada.

Púas estaba realmente triste. Él no quería hacer daño con sus púas, pero siempre le salía todo al revés. Y los animalitos del bosque siempre se enojaban.
De regreso a su casa, a Púas se le ocurrió una gran idea para compensar a todos los animalitos a los que había hecho enojar, y, de paso, darle utilidad a esas púas pinchudas:

  • ¡Ya sé! ¡Limpiaré las alfombras de las casas de los animalitos! –dijo Púas, convencido de que había encontrado la solución. – Esta vez tengo que hacerlo bien y estar preparado para trabajar. No volveré a equivocarme.

Al día siguiente, Púas, se colocó su mascarillas para el polvo y se dirigió a la casa de Doña Gata, luego a la de Doña Coneja y así fue limpiando la casa de todos los animalitos del lugar.
Todo los animalitos estaban contentos de que Púas hiciera algo que le gustara y no molestara a los demás.
Así fue como Púas se convirtió en un gran limpiador de alfombras y todos estuvieron muy orgullosos de él.

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