Poesía: El valor de la amistad


Cuando el sol sofoque la esperanza de un mañana,
cuando el mar ahogue cualquier rastro de emoción,
cuando las tinieblas del dolor golpeen tu ventana
un amigo frente a ti tenderá su corazón.

Un amigo que está exento de prejuzgar
que acompaña en el sendero de la vida,
que desprende un pétalo de alegría
sin jamás intentarte cambiar.

No trates de agobiar tu alma
en los tentáculos de la soledad
pues date cuenta que la calma
está en los pliegues de la amistad.

Una amistad que refleja la luz de la sinceridad,
que escapa a la circunstancia de la alegría,
que se sumerge en la plena fidelidad
donde ella impera y es tu guía.

Aquí, el frío puñal de la traición
jamás intentará manchar el corazón
del amigo que siempre te ha apreciado
y al que tu confías sin excepción.

Y aunque el pasar feliz excluya algún día a este amigo,
y un sin número de personas lo compartan,
solo en el lúgubre momento se apartan
y quedan los que se preocupan contigo.

Aquellos son realmente importantes,
que entienden claramente tu pesar,
que levantan cualquier tipo de piedra
para dejarte continuar.

Ellos son el canal del desahogo,
el sostén de la ilusión,
el sentido de la vida,
los que merecen atención.

Son los que vale compartir la desdicha de la noche
y mucho más la alegría del mañana
pues justamente te aprecian y valoran
con un sentimiento sin pretensiones y sin fallas.

Solo un consejo, jamás obligues amistad
pues la amistad no tiene precio
y solo otorgarán falsedad
aquellos a los que les pediste el esfuerzo.

Ella es pura y perdurable,
se basa en la espontaneidad,
es un abrazo, una compañía,
un “te comprendo”, es reciprocidad.

Y quizás el destino desuna
físicamente las cosas que odiarías desunir,
pero no presumas que tu amigo,
en algún momento, pueda partir.

Porque la amistad se hace sentir
sin fronteras, sin canales,
los une los cabales
de un sentimiento sin fin.

Hector Rene Barbosa

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