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Me considero una promotora del JUEGO sin juguetes, o, por lo menos, sin juguetes convencionales.

Son contados con los dedos de las manos los juguetes que les compramos a nuestras hijas e hijo en estos casi 9 años de mapaternidad; y también intento hacer llegar el mensaje a otros familiares y/o amigos/as que nos rodean.

Cuando vamos al parque, a comer afuera o de visita a algún lado, no llevamos juguetes; es una manera de relacionarnos libremente entre nosotros, con otros y con el entorno.

Incluso en nuestra casa, no siempre están disponibles todos los juguetes al mismo tiempo, en ocasiones guardo algunos para dar descanso a la vista y que se libere la creatividad.

Lo que sí está a su alcance en todo momento son: cuentos, masa/plastilina con sus cortantes, disfraces y accesorios, rompecabezas, piedras y caracolas, títeres, maderitas y diferentes elementos de construcción, cajas y botellas sensoriales, cubos y bolsitas con imágenes (para cantar o contar historias) y todo su set de arte para pintar y dibujar cuando gusten.

El objetivo del juguete (un camión, un set de herramientas, juego de doctor, teléfono con música) es que los/as niños/as se diviertan con él, jugando; creo que la mayoría lo logra, aunque sea por un rato, pero limita y condiciona.

No quiere decir que esté mal tener algunos, o que no sirvan.

Pero teniendo en cuenta que cualquier experiencia puede convertirse en juego y que es a través de él donde se efectúan la mayor cantidad de aprendizajes, debemos, al menos, repensar cuál es nuestra intención al entregarle un juguete a un/a niño/a.

Como siempre digo, hay juguetes y “juguetes”: mis preferidos son los segundos, aquellos que invitan a hacer y ser, los que despiertan inquietudes, los que sirvan de puntapié para iniciar un viaje a nuevas aventuras y esos que dan comienzo al juego simbólico.

Puede ser una caja, telas, tubos de cartón, descartables, broches, pelotas de diario, revistas, lanas, maderas, recipientes, espejos, agua, elementos de la naturaleza, almohadones, pompones, ropa en desuso, cintas, sogas, tapitas, entre otros.

Pero no nos olvidemos que, a veces, el mejor regalo que podemos hacerles es compartir nuestro tiempo con ellos/as.

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