En este momento estás viendo Mami, ¿me lees un cuento?

Mis niñas ya están grandes y saben leer solas, pero todavía me piden que les lea un cuento, o dos, o tres.

Hasta hace poco les leía un cuento cada noche antes de irse a dormir, un ritual que iba acompañado de pedidos de agua, peluches, mantas y cualquier cosa que se les ocurriera con tal de tenerme con ellas un rato más.

Ahora prefieren elegir varios cuentos de su colección y llevarlos a la cama para contarlos ellas mismas hasta quedarse dormidas.

Esos rituales nocturnos quedaron atrás, pero empezaron a aparecer otros. Mientras se termina de cocinar la comida de la noche, nos tomamos unos minutos para leer: cada uno elige un cuento de la biblioteca y nos sentamos en el sillón, la persona que va a contar el cuento se sienta en el medio y vamos moviéndonos hasta que todos contamos el cuento que hayamos elegido.

El más pequeño también elige su cuento (casi siempre el mismo), va nombrando lo que ve en las imágenes y «cuenta» la historia a su manera. No importa la edad, todos participamos por igual.

Es simple, no tiene mucho truco, pero son momentos que nos conectan, que nos sirven para bajar ansiedades y relajarnos antes de cenar.

También ejercitamos nuestra comprensión lectora al escuchar a otros, esperamos turnos, respetamos los tiempos que demora cada uno en leer y luego debatimos sobre el mensaje que nos dejó esa lectura o cuál fue la parte que más nos gustó.

Es una manera de sentirnos cerca, escuchar y valorar las opiniones y elecciones individuales y enriquecer nuestro vocabulario.

Me encanta escucharlos, ver cómo avanzan en sus aprendizajes, y también sentir que, aunque ya son grandes y pueden hacerlo solas, todavía disfrutan de los cuentos que cuenta mamá.

Deja una respuesta