Poesía: Rufo, el patinete

Rufo, el patinete
tiene dos amigos,
el viento, Soplete
y Pedrín, el grillo.

El grillo viajero
quiere pasear,
su amiguito Rufo
lo invita a montar.

Pedrín se acomoda,
sube sus patitas
y una vez sentado
le hace cosquillitas.

Soplete, curioso, los mira,
les dice al oído “yo quiero jugar”,
sopla, sopla y resopla
los tres de puntitas, riendo se van.

Juegan todo el día
y al anochecer,
están cansaditos
de tanto correr.

Juntos se acurrucan
en el cobertizo,
los cubre la luna
del intenso frío.

Sueñan muy felices
lo que harán mañana
¡Silencio que duermen!
¡Cierren la ventana!

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Poesía: El robot niño

Abrió sus ojos de cristal
una mañana en el baúl
y vio su cuerpo de metal,
él no era un niño como tú.

Sus torpes pasos al andar,
un corazón de soledad,
sus lagrimitas de tristeza
reclamaban tu amistad.

Se miraba de reojo en el espejo
y quería ir al parque y al colegio,
sus tuercas y tornillos lo impedían
y luchaba inútilmente por tener vida.

Quisiera viajar contigo,
compartir todos tus juegos
y sentir el cálido cariño
cuando mamá dice “te quiero”.

Tener un amigo fiel
a quien contarle secretos,
un abuelo, un hogar
y un montón de sueños.

Un día te diste cuenta de su soledad,
entre tus manos chiquitas
lo abrazaste más y más
y se abrió el cielo de su libertad.

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Poesía: El valor de la amistad

Cuando el sol sofoque la esperanza de un mañana,
cuando el mar ahogue cualquier rastro de emoción,
cuando las tinieblas del dolor golpeen tu ventana
un amigo frente a ti tenderá su corazón.

Un amigo que está exento de prejuzgar
que acompaña en el sendero de la vida,
que desprende un pétalo de alegría
sin jamás intentarte cambiar.

No trates de agobiar tu alma
en los tentáculos de la soledad
pues date cuenta que la calma
está en los pliegues de la amistad.

Una amistad que refleja la luz de la sinceridad,
que escapa a la circunstancia de la alegría,
que se sumerge en la plena fidelidad
donde ella impera y es tu guía.

Aquí, el frío puñal de la traición
jamás intentará manchar el corazón
del amigo que siempre te ha apreciado
y al que tu confías sin excepción.

Y aunque el pasar feliz excluya algún día a este amigo,
y un sin número de personas lo compartan,
solo en el lúgubre momento se apartan
y quedan los que se preocupan contigo.

Aquellos son realmente importantes,
que entienden claramente tu pesar,
que levantan cualquier tipo de piedra
para dejarte continuar.

Ellos son el canal del desahogo,
el sostén de la ilusión,
el sentido de la vida,
los que merecen atención.

Son los que vale compartir la desdicha de la noche
y mucho más la alegría del mañana
pues justamente te aprecian y valoran
con un sentimiento sin pretensiones y sin fallas.

Solo un consejo, jamás obligues amistad
pues la amistad no tiene precio
y solo otorgarán falsedad
aquellos a los que les pediste el esfuerzo.

Ella es pura y perdurable,
se basa en la espontaneidad,
es un abrazo, una compañía,
un “te comprendo”, es reciprocidad.

Y quizás el destino desuna
físicamente las cosas que odiarías desunir,
pero no presumas que tu amigo,
en algún momento, pueda partir.

Porque la amistad se hace sentir
sin fronteras, sin canales,
los une los cabales
de un sentimiento sin fin.

Hector Rene Barbosa

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Poesía: Dando dos saltitos

Dando dos saltitos
y un pasito atrás,
hoy nos colocamos
siguiendo el compás.
Con mis piecesitos
me colocaré
y con voz muy suave
mi nombre diré.
Sin llantos ni gritos
vamos a jugar,
cuando hable la profe
todos a escuchar.
A veces me enfado
con mis amiguitos,
no quiero hacer nada,
quiero estar solito.
Pero ellos me abrazan
y me hacen reír,
estoy muy contento
de venir aquí.
Ya se ha hecho muy tarde,
nos vamos a casa,
adiós a la escuela
siempre hasta mañana.
Con nuestras manitas
lanzamos un beso
y el más vergonzoso
se escapa corriendo.

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